Contenido
Capítulos
  1. La epidemia invisible
  2. Cómo se infectan las personas jóvenes
  3. ¿Por qué tan vulnerables?
  4. Cómo abordar la epidemia
  5. Para llegar a los jóvenes
  6. Las consecuencias de la inacción
  7. VIH/SIDA: Qué quieren saber los jóvenes
  8. Perfiles
  9. La juventud, centro de las estrategias
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Centro de Medios/Materiales (M/MC) de JHU/PIP
111 Market Place, Suite 310
Baltimore, MD 21202 USA
Correo electrónico: mmc@jhuccp.org


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University Bloomberg School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.

Volumen XXIX, Número 3
Otoño de 2001
Serie L, Número 12
Temas sobre salud mundial

Para llegar a los jóvenes

Para combatir la epidemia de VIH/SIDA entre los jóvenes se requiere llegar no solo a los jóvenes mismos sino también a quienes influyen en su vida. Los padres y otros familiares pueden ayudar a prevenir el VIH/SIDA entre las personas jóvenes. También los programas de prevención del VIH/SIDA pueden esforzarse más para alcanzar a los hombres, tanto adolescentes como adultos, que generalmente desempeñan un papel dominante en las relaciones sexuales con las mujeres jóvenes.

Para responder a los retos del VIH/SIDA también se requiere llegar a los millones de jóvenes vulnerables que viven al margen de la economía y la sociedad. Si se convence a los jóvenes mismos de que colaboren en la planificación y ejecución de programas de prevención del SIDA se ayudará a asegurar que los programas satisfagan las necesidades de la juventud.

Participación de los padres y la familia

Los padres, por supuesto, influyen grandemente en el comportamiento filial relacionado con la salud. En un estudio realizado en los Estados Unidos, cuando se les preguntó a los estudiantes quién influía más en lo que decidían acerca de la actividad sexual, 37% citaron a sus padres, mientras 30% citaron a sus amigos (261). Además de los padres, otros familiares adultos y personas de la comunidad influyen en el comportamiento relacionado con la salud de los adolescentes.

Los estudios muestran que los jóvenes que viven en un ambiente familiar estable, positivo y solidario, con padres que los observan, se ven envueltos en menos situaciones de riesgo (29, 191, 200, 304). El afecto de los padres ayuda a evitarle al hijo adolescente problemas de comportamiento como la violencia y la delincuencia (318). En una escuela de Estados Unidos los alumnos de sexto y séptimo grado con padres comprensivos tendían menos a usar drogas o a intervenir en peleas y tenían mayor probabilidad de retrasar la actividad sexual que los compañeros emocionalmente solos (355). En una variedad de otros estudios se han comunicado hallazgos similares (19, 36, 209, 242, 396, 426).

Los padres suelen decir que debería educarse a los jóvenes acerca del VIH/SIDA. En Brasil, por ejemplo, la vasta mayoría de mujeres entrevistadas en una zona de bajos ingresos dijeron que no querían que sus hijas crecieran como ellas, sin educación sexual (393). En un estudio realizado en Kenia más de las tres cuartas partes de los padres de niños de 10 a 14 años de edad dijeron que en la escuela debería educarse a los adolescentes sobre el VIH/SIDA y otras ITS y también sobre planificación familiar y otros temas de salud reproductiva (177).

En algunos programas para la juventud se ha tratado de que los padres participen en cursillos y grupos de discusión, suministrando material impreso, servicios de consulta telefónica directa y otras fuentes de información y describiendo el papel de los padres en presentaciones por los medios de difusión (103, 276). Por lo común, los mejores programas son los que reúnen a los padres y los jóvenes y estimulan el diálogo (192).

Mexican poster

Consejo Nacional de Prevención y Control del SIDA (CONASIDA)

“Lo bueno de la familia es que no hay secretos. Todo se comparte”, dice este cartel mexicano, para luego agregar: “Es tiempo de actuar”. En el cartel el hermano mayor le muestra unos condones al hermano menor. Los estudios muestran que los jóvenes con una familia estable y solidaria y padres que los siguen de cerca toman menos riesgos.

La comunicación entre padres e hijos. Por lo general, la comunicación entre padres e hijos en lo que atañe a la sexualidad es difícil. Padres e hijos por igual no se sienten cómodos cuando se toca ese tema y tratan de evitarlo (36, 393). En Sudáfrica las adolescentes dijeron que temían hablar sobre cuestiones sexuales con sus padres (217). En Zimbabwe las personas jóvenes declararon que el diálogo con los padres acerca de la sexualidad estaba generalmente monopolizado por éstos, que no hacían más que advertirles acerca de los peligros de las relaciones sexuales (402). En México, los jóvenes también citaron otros obstáculos para la comunicación, como la falta de tiempo, no llevarse bien con los padres y la falta de confianza en los consejos de éstos (393).

En numerosas culturas era tradicional que los padres no hablaran sobre cuestiones sexuales con sus hijos. Ese papel lo asumían los abuelos, tías y tíos. Hoy día, el colapso de las culturas tradicionales ha dejado a muchos padres frente al problema de hablar con sus hijos acerca del VIH/SIDA y la sexualidad, para lo cual muchos de ellos no están preparados (186, 402).

El VIH/SIDA es un tema especialmente delicado que muchos padres tratan de evitar. En Kenia menos de la mitad de los padres de adolescentes habían hablado sobre el VIH/SIDA con ellos el año anterior (177). Muchos padres saben muy poco acerca del VIH/SIDA y les preocupa no tener la información necesaria para transmitirla a sus hijos (36, 120, 133). En los Estados Unidos los padres dijeron que una de las razones para la comunicación deficiente era que los hijos adolescentes podrían hacerles preguntas que quizá no sabían contestar (142). En los países en desarrollo, especialmente en las zonas rurales, los padres suelen tener menos educación que los hijos y les preocupa carecer de los conocimientos suficientes para hablar con ellos de la sexualidad (402). En China se adiestra a los jóvenes para que eduquen a otros jóvenes acerca del VIH y las cuestiones sexuales, en parte porque muchos padres no saben qué decir (54).

Kenyan poster

Ministerio de Salud de Kenia, Jisimamie, BADC, NASCOP

Este cartel de Kenya aboga por el diálogo sobre el VIH/SIDA entre padres e hijos. Aunque las conversaciones sobre cuestiones sexuales pueden resultar difíciles tanto para los adultos como para los jóvenes, casi todos los expertos están de acuerdo en que el diálogo sobre las relaciones sexuales debe empezar temprano y llevarse a cabo con frecuencia.

Cuando los padres hablan con sus hijos acerca de la sexualidad, por lo común no tienen mucho efecto. En Zimbabwe, a pesar de que muchos padres dijeron que habían hablado con los hijos sobre el SIDA, ninguno de los adolescentes entrevistados citaron a los padres como fuente importante de información sobre este tema (402). En un estudio realizado en los Estados Unidos 90% de las madres dijeron que habían hablado con sus hijos sobre la sexualidad, pero solo dos tercios de estos estuvieron de acuerdo con esta declaración (142).

En su mayoría, los investigadores concuerdan en que la comunicación entre padres e hijos sobre el VIH/SIDA y la sexualidad deberá empezar temprano, de modo que pueda desarrollarse cómodamente a medida que el hijo vaya madurando. Una sola conversación seria sobre la sexualidad en el umbral de la pubertad probablemente resulte forzada y difícil. Pero las charlas anteriores proporcionan la base para una discusión fructífera (37). La discusión entre padres e hijos resultará, naturalmente, más provechosa dentro de una estrecha relación afectuosa.

En los Estados Unidos la Campaña Nacional para Prevenir el Embarazo en la Adolescencia ofrece 10 consejos para ayudar a los padres a hablar sobre la sexualidad con sus hijos adolescentes (260). He aquí los consejos:

  • Exprese claramente cuáles son sus valores respecto de la sexualidad antes de hablar con sus hijos sobre este tema.
  • Hable con sus hijos temprano y con frecuencia acerca de la sexualidad.
  • Trate de que sus hijos intervengan en la conversación y de que esta no se convierta en un sermón.
  • Supervise y vigile a sus hijos.
  • Conozca a los amigos de sus hijos y a las familias de aquellos.
  • Desaliente el noviazgo temprano, frecuente y constante y favorezca las actividades en grupo.
  • Desaliente el noviazgo cuando haya gran diferencia de edad, especialmente si se trata de mujeres jóvenes.
  • Conozca qué programas ven sus hijos en la televisión y escuchan en la radio y qué están leyendo.
  • Haga saber a sus hijos que usted valora la educación.
  • Haga saber a sus hijos cuánto los valora usted.

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